lunes, 11 de abril de 2016

Perdida en su soledad

"Perdida en un su soledad, solía caminar y caminar sin rumbo fijo. Le calmaba y le ayudaba a pensar. Cada paso que daba estaba cargado de profundidad, era un paso más hacia delante en la búsqueda de aquello que le faltaba: la confianza, un futuro estable, entender sus emociones, alguien que completara su existir…

En uno de sus paseos descubrió una tienda de animales de compañía – ¿compañía? - Se dijo entrando en la tienda en la que sabía que no iba a comprar nada. Nada más entrar vio una jaula en la que estaba un pequeño periquito junto a un espejo y al no entender los motivos de este preguntó al dependiente que alegre porque alguien se interesara por sus animales le explicó todo a la perfección. Ocurría que ese periquito siempre había estado acompañado de su pareja que murió semanas atrás y este al estar solo entró en depresión y se negaba a comer. El espejo simplemente le reflejaba a sí mismo y pensaba que su antigua compañera había vuelto, recuperando las ganas de vivir.

Con una mezcla de tristeza y confusión salió de la tienda y volvió a casa, entró en su baño y con cierta incredulidad quiso mirarse al espejo. La paradoja fue que no encontró nada ni a nadie que le calmara, simplemente se vio a sí misma. Encontró en sus propios ojos la respuesta a tantas dudas… a tantas preguntas… Todo lo que necesitaba para ser feliz no estaba en manos de otros o en un futuro sin escribir sino que estaba en ella, en la esperanza que brotaba en su corazón de construir algo nuevo y bien hecho, sin prisas, construir sobre roca... ¡algo grande! Tampoco estaba en razonar sus emociones o en cómo iba a amar a los demás sino en amarse a sí misma y desde ahí apostar por el otro, sin razones, sin filosofías, sin moral, sin leyes, simplemente amar para amar.

Digamos que simplemente descubrió que ella no estaba enjaulada ni por su pasado ni por su futuro, podía volar, sólo ella ante el espejo, sólo sus manos ante su vida, sólo su capacidad de amar en el presente.
Digamos que se encontró a sí misma y desde ahí se encontró con los demás, amó a los demás, caminó por los demás…
Digamos que a veces sólo un pequeño gesto, un detalle, una mirada, un empujón, afrontar con naturalidad la vida... puede ser la gota que desborde todo lo bueno que hay en ti."

Cartas a la inmensidad

Foto tomada en la Casa de la Misericordia (Alcuéscar)

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